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| Foto: crestomatía |
Hablar de San Francisco de Asís es hablar de uno de los santos más amados de la historia cristiana. Su vida marcó un antes y un después en la espiritualidad de la Iglesia, proponiendo un camino radical de pobreza, alegría y amor por toda la creación.
Infancia y juventud
Durante su juventud llevó una vida cómoda y despreocupada. Soñaba con ser caballero y alcanzar gloria militar. Participó en conflictos locales y fue hecho prisionero durante una guerra entre Asís y Perugia. Esa experiencia, junto con una enfermedad posterior, comenzó a transformar su corazón.
Su conversión
Un momento decisivo ocurrió mientras oraba ante
el Crucifijo de San Damián, donde sintió que Cristo le decía:
“Francisco, repara mi Iglesia, que como ves,
está en ruinas.”
Tomando estas palabras de manera literal al principio, comenzó a restaurar iglesias abandonadas.
Con el tiempo comprendió que su misión era más profunda: renovar espiritualmente la Iglesia a través del ejemplo de vida evangélica.
Renuncia y pobreza
Adoptó una vida de pobreza absoluta, vistiendo una túnica sencilla y viviendo de la caridad. Pronto otros hombres se sintieron atraídos por su estilo de vida basado en el Evangelio.
Fundación de la Orden Franciscana
Así nació la Orden de los Hermanos Menores
(Franciscanos), caracterizada por:
- Pobreza radical
- Vida fraterna
- Predicación sencilla
- Amor por los pobres
- Cercanía con la naturaleza
Más adelante también surgirían:
- La Orden de las Clarisas, fundada junto a Santa Clara de Asís
- La Tercera Orden Franciscana para laicos
Uno de los rasgos más conocidos de San
Francisco es su profundo amor por la naturaleza. Veía en cada criatura un
reflejo del Creador. Llamaba “hermano” al sol y “hermana” a la luna.
Este espíritu quedó plasmado en su obra más
famosa: el Cántico de las Criaturas, considerado uno de los primeros
poemas en lengua italiana.
Por esta sensibilidad ecológica y espiritual, siglos después fue proclamado patrono de los animales y del cuidado de la creación.
Estigmas y últimos años
Su salud se debilitó progresivamente, pero
continuó predicando y alentando a sus hermanos.
Murió el 3 de octubre de 1226 en Asís, acostado sobre la tierra desnuda, fiel a su ideal de pobreza hasta el final.
Canonización y legado
Su legado sigue vivo en:
- La espiritualidad franciscana
- El compromiso con los pobres
- El diálogo interreligioso
- El respeto por la naturaleza
- La búsqueda de la paz
De hecho, el Papa Francisco eligió su nombre en
honor al santo de Asís, destacando su mensaje de sencillez y fraternidad
universal.
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